En la Sección Oficial a concurso de la 71.ª Seminci, Ione Hernández debuta en el largometraje de ficción con Hermanas, una película que tropieza precisamente allí donde más importaba encontrar claridad: en la aproximación a una realidad tan delicada como el abuso a menores dentro del ámbito familiar. El filme adopta posturas erráticas, incapaz de articular una mirada verdaderamente sólida sobre una materia que exige mucho más que buenas intenciones. El trazo grueso de sus personajes, los diálogos impostados y determinadas acciones difícilmente coherentes terminan por debilitar un relato que parece perder de vista la complejidad de aquello que pretende abordar.
A ello se suma una visión del abuso y de sus consecuencias que resulta, por momentos, desfasada, demasiado esquemática para penetrar en las contradicciones y los silencios que atraviesan estas experiencias. La película no siempre encuentra el tono ni la distancia necesarios, y esa falta de precisión en la escritura acaba lastrando su discurso.
Hay, sin embargo, elementos que sostienen el conjunto. La dirección de Hernández demuestra precisión y solvencia, mientras que Emma Suárez y Elena Anaya aportan consistencia a unos personajes que encuentran en sus interpretaciones una profundidad que el guion no siempre les concede. Ambas actrices consiguen dotar de cuerpo y verdad a un material que pedía mayor sutileza.
Hermanas deja así la sensación de una película que podría haber dado mucho más de sí. No por falta de interés en su tema ni de capacidad en su puesta en escena, sino por no haber encontrado una escritura a la altura de la complejidad moral y emocional que tenía entre manos.

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