miércoles, 30 de septiembre de 2026

Una pantalla que nos pertenece

Hay países que cuentan su historia en libros, en plazas, en monumentos. España también la ha contado —y la sigue contando— en una sala a oscuras, cuando las luces se apagan y una pantalla comienza a llenarse de rostros, paisajes, silencios y palabras.

El cine español es mucho más que una industria. Es una forma de mirar. Una manera de enfrentarnos a lo que fuimos, a lo que somos y, en ocasiones, a aquello que todavía no sabemos nombrar. Desde las primeras películas hasta las propuestas más arriesgadas del cine contemporáneo, nuestra cinematografía ha construido un imaginario reconocible y, al mismo tiempo, extraordinariamente diverso: la memoria y el deseo, la familia, la religión, la violencia, el humor, el territorio, la identidad, la vida cotidiana.

En esa historia caben muchas Españas. La de Buñuel, que convirtió lo cotidiano en pesadilla; la de Berlanga, capaz de encontrar el absurdo en las estructuras más solemnes; la de Erice, donde una mirada infantil podía contener toda una época; la de Almodóvar, que hizo del exceso, la emoción y la libertad una forma de autoría. Y junto a ellos, tantas otras miradas —muchas veces menos conocidas— que han ido ampliando los límites de aquello que entendemos por cine español.

Porque nuestra cinematografía nunca ha sido una sola cosa.

También es el cine que nace en las escuelas, en los márgenes, en los pequeños equipos de rodaje y en los festivales. Es el cortometraje que encuentra durante unos minutos una pantalla donde existir. Es el documental que rescata una memoria que parecía perdida. Es la animación, el cine experimental, el thriller, la comedia, el melodrama, el cine rural, el cine de género y todas esas películas difíciles de colocar en una única casilla.

Una cultura que se encuentra en los festivales

Hay algo especialmente hermoso en la relación entre España y sus festivales. San Sebastián, Málaga, Valladolid, Sitges, Gijón, Sevilla, Alicante y tantos otros lugares han construido durante décadas una auténtica geografía cinematográfica. No son solamente espacios donde se entregan premios: son lugares de encuentro, discusión, descubrimiento y, sobre todo, conversación.

Un festival permite que una película deje de ser únicamente una obra terminada y se convierta en un acontecimiento. Que alguien salga de una proyección queriendo discutirla. Que un director conozca a un productor. Que un espectador descubra a una cineasta que hasta entonces desconocía. Que una película pequeña encuentre su público.

En 2025, por ejemplo, el Festival de Cine de Alicante reunió a más de 40.000 espectadores y combinó exhibición, formación, encuentros profesionales y desarrollo de proyectos, una muestra de cómo el ecosistema cinematográfico va mucho más allá de las propias salas.

Y quizá ahí esté una de las mayores riquezas de nuestro cine: que todavía puede encontrarse con la gente.

Un presente especialmente fértil

Hablar hoy de cine español es hablar de un momento particularmente estimulante. Hay películas que llegan a los grandes festivales internacionales, nuevas generaciones de cineastas que trabajan con una libertad formal enorme y una convivencia cada vez más natural entre tradición, cine de autor, industria y nuevas formas de producción.

El caso de La bola negra, dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, resulta especialmente significativo. La película parte de una obra inacabada de Federico García Lorca para construir tres historias situadas en épocas diferentes, unidas por el deseo, la sexualidad, la memoria y aquello que una generación puede heredar de otra. Pasó por Cannes, donde obtuvo el premio a la Mejor Dirección, y posteriormente llegó a San Sebastián en la sección Perlak.

Hay algo simbólico en que una obra vinculada a Lorca regrese al presente de esta manera. Como si el cine español estuviera conversando con sus propios fantasmas para descubrir que algunas preguntas siguen abiertas.

Y mientras una película como La bola negra mira hacia el pasado para hablar del presente, otras obras contemporáneas buscan nuevos lenguajes, nuevos públicos y nuevas maneras de contar. El resultado es una cinematografía que no necesita escoger entre memoria y futuro: puede habitar ambos lugares al mismo tiempo.

Mirar lo que somos

Esta web nace precisamente de ahí.

De la necesidad de hablar de cine español sin reducirlo a una cartelera, una taquilla o una lista de premios. De detenernos en las películas, pero también en quienes las hacen. En sus imágenes, sus sonidos, sus historias y sus contradicciones. En las obras que llegan a las grandes salas y en aquellas que apenas encuentran un espacio para ser vistas.

Queremos recorrer la historia, pero también mirar el presente. Recuperar películas olvidadas, descubrir nuevas voces, acercarnos a los festivales y prestar atención a los nombres que quizá dentro de unos años nos resulten imprescindibles.

Porque el cine español no es solamente aquello que aparece en una pantalla.

Es también lo que permanece cuando termina la película.

Una frase. Una imagen. Una canción. Un rostro. Una sensación difícil de explicar al salir del cine y caminar de noche por la calle.

Bienvenidos.

Hablemos de cine español.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

La islas afortunadas: una leyenda entre la tierra y la memoria

En la Sección Oficial a concurso de la 71.ª Seminci , Helena Girón y Samuel M. Delgado presentan Las islas afortunadas , una película pequeñ...